Probablemente hayas oído o, al menos, imaginado que el café es una de las bebidas más populares, así como la segunda materia prima más vendida tras el petróleo. Pero ¿sabías que, de media y de acuerdo con la Organización Internacional de Café, cerca de 2,25 billones de tazas de café son consumidas todos los días en el mundo? Y cuando nos paramos un minuto a pensar en todo el trabajo duro, esfuerzos, tiempo y recursos que los agricultores han puesto en el cultivo y recolección de su producción, tendemos a olvidarlo. Este multimilllonario sector que abarca y conecta gentes de diferentes continentes, culturas y clases sociales, desafortunadamente muestra un gran decepción - el trato injusto a los pequeños productores de café.

¿Qué ha supuesto el sistema de Comercio Justo y porqué se ha probado como inútil para los productores de café?

El movimiento de Comercio Justo se fundó para ayudar a los agricultores en países en desarrollo a vivir una vida decente y a recibir una remuneración proporcional a todo su duro trabajo. La certificación de Comercio Justo (Fairtrade) marca los estándares sobre cómo el café es producido y la cantidad de dinero que el agricultor debe recibir por libra de peso vendido. También pretende cubrir los costes medios de producción y de esa forma proporcionar estabilidad financiera a los agricultores y sus familias.

De hecho el café es el producto certificado como Comercio Justo más común, pero la evidencia demuestra que existe un grave problema enraizado en el diseño del sistema de Comercio Justo. Aquí enumeramos algunas de las razones que ponen en cuestión la "justicia" del sistema de Comercio Justo.

1) Una práctica común asociada con el Comercio Justo es el obligado extra precio que los consumidores deben pagar por recibir un producto de mejor calidad. En el mundo del café esto supone cerca de $.30 por libra de peso - de los que $.10 van a la organización Fair Trade mientras que los restantes $.20, se supone que van a los agricultores para "inversiones sociales y económicas en la comunidad y a nivel organizativo". Sin embargo, los estudios muestran que sólo una pequeña parte de estos fondos vayan a parar a los agricultores y cómo este dinero se gasta realmente supone un misterio.

2) El sistema Fair Trade desafortunadamente genera cafés de peor calidad y que son percibidos como de especialidad. La razón para esto, es que el café Fair Trade no tiene que provenir en exclusiva de grado especialidad, sino que puede ser café de baja calidad. Y porque el incentivo a vender café de baja calidad como café certificado fair trade es tan alto (eliminando todos los procedimientos agotadores asociados con la producción de un café de especialidad) - los agricultores tienden a aprovecharse de la situación. El resultado es desastroso, no sólo para la imagen del café Fair Trade - los consumidores tienden a asociarlo con una experiencia de sabor pobre, pero también para el propio mercado de café - consumidores potenciales evitarán deliberadamente comprarlo.

3) La parte más importante de café certificado Fair Trade, no proviene, sorprendentemente de los exportadores más pobres - los países en vías de desarrollo como los de Africa o el Sudeste asiático. De hecho, sólo una pequeña proporción (cerca del 10%) de las exportaciones mundiales proviene de estos países, mientras que la parte más significativa, se produce en países con mayor nivel de desarrollo como México, Brasil y Colombia. Esto significa que aquéllos que necesitan los beneficios del sistema Fair trade, no tienen acceso a él. Una razón para ello pueden ser las comisiones que deben pagarse para certificarse, que los agricultores deben pagar para participar del proceso - los pequeños productores en países en desarrollo no pueden permitirse pagarlos.

4) Además del capital inicial (que los agricultores deben solicitar para obtener la certificación), otro requisito que Fair trade exige (y que agricultores pobres no pueden permitirse) es el registro de operaciones, o en otras palabras - una buena gestión financiera de la explotación agraria. Este un aspecto importante y es comprensible - permite al agricultor aprender, predecir resultados futuros, y asegurarse de que sus insumos no exceden a los resultados lo que supone adoptar mejores decisiones empresariales. Sin embargo, el registro de los datos no es algo que pueda implementarse fácilmente por personas que están luchando para mantener una actividad laboral muy intensiva. Trabajar largas horas para mantener a sus familias y llegar a fin de mes, los agricultores en los países en desarrollo simplemente, no tienen tiempo para mantener los registros. La mayoría carecen de educación y su analfabetismo es otro obstáculo que no les permite participar en el sistema Fair Trade. De nuevo, aquéllos que lo necesitan más, tienen mayores dificultades para conseguirlo.

El sistema Fair Trade se creó con buenas y humanas intenciones para marcar la diferencia en las vidas de los productores en los países en desarrollo y para ayudarles a obtener mejores condiciones. Sin embargo, la realidad es que el sistema afecta a muchos pequeños agricultores que podrían perder cuota de mercado frente a las grandes plantaciones y ser aún más pobres. ¿Hay alguna forma de conseguir un café de mejor calidad y que se haga eliminando la figura de los middleman y de los métodos erróneos de etiquetado? ¡Claro que puede conseguirse y el tiempo traerá más y mejores prácticas socialmente responsables y sostenibles! Sólo hay que ser flexible y pensar "fuera de la caja", lo que significa buscar alternativas que prueben ser más justas y efectivas que las establecidas.

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