Ser un un pequeño propietario indudablemente significa formar parte de la fuerza capaz de proporcionar lo esencial para comunidades en desarrollo en Africa del Este. Y a pesar de lo próspero que esto pueda parecer, y a pesar de la enorme dependencia estatal de la exportación agrícola para obtener divisas extranjeras, la vida de los agricultores están llenas de incertidumbres y grandes retos. A pesar de que el té y el café supongan las principales cosechas generadoras de liquidez en Africa del Este, los pequeños propietarios, de forma ilógica, no se están beneficiando para nada de estas ricas industrias.

Entonces, qué significa ser un pequeño propietario y ¿cuáles son los principales problemas a los que este gran colectivo debe enfrentarse?

Los pequeños propietarios se consideran normalmente productores a pequeña escala; aquellas familias marginales o sub-marginales que poseen y/o cultivan pequeños terrenos (hasta 10 hectáreas). En esas tierras desarrollan cultivos de subsistencia (cosechas de alimentos que los agricultores utilizan para alimentar a sus familias) y uno o dos cultivos que les aportan liquidez, como el café o el té. De hecho, se ha estimado que el café representa, en torno a un 20% de los cultivos realizados en el terreno familiar, pero proporciona alrededor de un 50% del ingreso familiar. El restante 80% son cultivos de alimentos como mandioca, bananas, maíz, mijo, o judías; y la mayor parte de ellos cuando se recolectan son consumidos por la familia o vendidos en los mercados locales. La mayor parte de los cultivos familiares dependen enteramente de un sistema de explotación familiar. El ingreso que reciben por su producción se utiliza para cubrir los distintos gastos como medicinas, colegios, aceites para cocinar, gasolina, reparaciones del hogar, insumos agrícolas y el resto de necesidades familiares.

¿Qué hace que estas familias piensen en dejar de seguir cultivando el café o el té?

Uno de las principales limitaciones que los pequeños propietarios deben afrontar es la carencia de confianza en los mercados, así como las enormes fluctuaciones de precio de las materias primas, como ocurre frecuentemente con el café y el té. Nada es seguro hasta que la producción se ha empaquetado y probado y el precio se ha pagado. El hecho de que el té y el café no se consuman localmente, como ocurre con las bananas, maíz y otros cultivos, hace que este tipo de productos sean muy vulnerables a los precios de los mercados internacionales. Hay momentos en los que los precios del café caen por debajo de los costes de producción o que los productores reciben precios bajos debido a que no tienen acceso directo a los mercados de consumo. En ocasiones, la analfabetización es un problema mayor para predecir con antelación las posibles tendencias de los precios, y que es fundamental para conseguir asegurar los beneficios para cualquier empresa.

Por si fuera poco, los pequeños propietarios carecen de acceso a capital e insumos, lo que ha reducido su capacidad para competir tanto en los mercados locales como internacionales. A pesar de que existen algunos bancos comerciales/desarrollo y esquemas de micro-créditos que proporcionan préstamos, el poco conocimiento del sector, las limitaciones de acceso desde áreas remotas y los altos tipos de interés hace que sea todo un reto y casi imposible para ellos conseguir financiación.

Otra razón para que la productividad disminuya, es el cambio climático - al estar los agricultores completamente expuestos a las condiciones climáticas y no pueden hacer nada para evitarlo. Temperaturas crecientes y lluvias torrenciales pueden reducir las zonas aptas para el cultivo del café hasta en un 50% para 2050. Una de las dos especies de café consumidas en todo el planeta - la planta Arábica, está especialmente en peligro, al ser muy sensible al cambio climático, lo que hace que los agricultores sean incapaces de cubrir los costes de producción, poniendo su modo de vida bajo una amenaza creciente.

Ingresos no garantizados para las comunidades de pequeños propietarios tienen como consecuencia otras presiones sobre la educación y la salud. Es habitual ver que los hijos de los agricultores sean expulsados por la incapacidad de sus padres para pagar las tasas escolares. Además, carecen de seguridad social, al no ser provista por el Estado y no se la pueden permitir para su nivel de ingresos. Las medicinas son caras y en las zonas rurales se produce la venta de medicinas falsificadas.

Un problema diferente pero que merece la pena mencionar, es la existencia de una brecha de género en el mundo agrario y una gran variedad de disparidades de género en las distintas comunidades en Africa. Esto se debe, en gran medida, a que predominan las sociedades patriarcales, donde las mujeres tradicionalmente no heredan/poseen la tierra y son completamente dependientes de sus maridos para vivir. El alcoholismo es un reto creciente en áreas rurales con una alta tasa de desempleo. Los maridos suelen ser los principales consumidores, y es habitual que utilicen el dinero obtenido de la cosecha para gastarlo en un bar con amigos antes de volver a casa.

Después de pintar una realidad tan oscura y pesimista de las vidas y retos que los pequeños propietarios deben afrontar, es normal que nos hagamos la siguiente pregunta: ¿hay alguna forma de apoyar el desarrollo agrícola y de hacer frente a sus problemas al mismo tiempo?

Afortunadamente, existe y la solución está en las cooperativas de café y té - una de las intervenciones más efectivas a través de la cuál se pueda conseguir el desarrollo de las pequeñas explotaciones. Las cooperativas pueden entenderse como una agrupación de productores que cooperan para obtener un mejor acceso a los recursos, crear trabajos, así como reducir la pobreza. Ofrecen oportunidades que los pequeños agricultores no podrían conseguir si trabajasen de forma independiente. Entre ellas (pero no únicamente: ofreciendo asistencia técnica, asegurando los derechos sobre la tierra, suministrando insumos como pesticidas y fertilizantes, incrementando el acceso al mercado y ayudándoles a tener un mayor poder de negociación.

Así que, ¿cómo espera Almacena ayudar a las cooperativas en Africa y a los exportadores a conseguir acceso a financiación razonable y a nuevos mercados? La respuesta se encuentra en los objetivos y prioridades en línea con los objetivos de desarrollo sostenible establecidos por las Naciones Unidas. El único modelo de negocio aceptable por Almacena es aquél en que el mundo y la sociedad prosperen y la única misión posible es financiación sostenible para conseguir un cambio positivo. Para conseguirlo, la Plataforma se ha creado para dar soporte a las cooperativas con objetivos reales de impacto a obtener la necesaria financiación. Los resultados deberán ser medidos y reportados utilizando la el marco de medidas de IRIS. Así, el impacto de las cooperativas agrícolas en el bienestar de los pequeños propietarios será cuantificado. Esto permitirá obtener un mejor conocimiento sobre cómo las cooperativas pueden ser más efectivas en mejorar el bienestar de sus comunidades rurales.

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